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El Culto al Sol en las Culturas Prehispánicas visto a la luz de los Equinoccios

por Ariadne GALLARDO FIGUEROA

(Ariadne GALLARDO FIGUEROA es comunicadora Social y Reportera de Radio, especializada en entrevistas sobre Ciencia y Tecnología)


Uno de los momentos mágicos con los cuales contamos en primavera y otoño, nos hace pensar en la íntima relación que tenemos con el sol, su calor, su arraigo en el centro de nuestro universo, no sólo forma parte de la búsqueda incesante de los científicos actuales, como es el caso de la NASA, que se asombra y maravilla de estos fenómenos naturales al grado de llegar a tierras yucatecas para tomar nota de esta situación especial que nos legaron los antiguos mayas: la posibilidad de reconocer el equinoccio de primavera y otoño.

De esto se trata este trabajo, de la ardua labor desarrollada por los mayas, los astrónomos del pasado que nos hacen sentir su presencia en los templos que desde entonces perviven como silentes testigos del paso del tiempo.


El observatorio maya denominado “El Caracol” en Chichén Itzá.

Pero ante todo debemos preguntarnos, ¿qué sabemos de los equinoccios, que significan para la astronomía y la arqueología?

Equinoccio del latín aequinoctium; aequus, igual y nox, noche, por lo que significa noches iguales, esta aseveración es por que el eje de la tierra tiene una inclinación con referencia al Sol, que permite que en ambos Hemisferios de la tierra, norte y sur, la noche sea igual, en tiempo de duración, en todo el planeta.

Las fechas en que esta posición se da de acuerdo al calendario gregoriano, es el 20 al 21 de marzo, Equinoccio de Primavera y el 22 al 23 de septiembre, Equinoccio de Otoño, esto se verifica anualmente y marca los cambios de estación.


El arribo de Kukulcán en la pirámide maya denominada Castillo de Chichén Itzá
ante la presencia de 42 mil visitantes el 21 de marzo del 2005

Aunque lo más notorio es cuando el tiempo de luz es igual al tiempo de noche, lo que da el nombre es con referencia a que el tiempo de oscuridad, de manera proporcional, es igual en todo el planeta.

En esa fecha; la posición de la Tierra con referencia al Sol, marca el centro de rotación del planeta, a esta línea “imaginaria” se le llama Ecuador, le decimos “imaginaria” por que no se ve como una línea blanca o de cualquier color que estuviese marcada, pero si es la zona de mayor radio del planeta en referencia a su rotación frente al Sol, a un cuando el eje terrestre tiene una inclinación diferente.

Cuando vemos el Sol en la cúspide de la cúpula celeste desde la tierra, es a esta posición a la que le llamamos Cenit, es el momento en que su energía desciende sobre la Tierra en todo su apogeo, es a lo que llamamos Medio Día.

El Equinoccio, se da cuando es el Cenit y la luz del Sol se posa sobre el ecuador de manera vertical, dando el efecto de la ausencia de sombras en esa región, no así en los demás puntos de la tierra en los que se crea una sombra sometiéndose a la inclinación en la circunferencia, dando sombra hacia el norte o al sur dependiendo que polo sea el más cercano, a estas áreas se les llama Hemisferios, dando como resultado el Hemisferio Norte y el Hemisferio Sur.

Para los mayas, el equinoccio de primavera representaba una fecha en la que podían demostrar sus conocimientos de astronomía, matemáticas, cronología, geometría y religión. Es por eso que en la puesta del sol de cada 21 de marzo, en la Pirámide de Kukulcan o castillo de Chichén Itza, se produce una proyección serpentina de siete triángulos de luz invertidos, como resultado de la sombra de las nueve plataformas del edificio.


Turistas de todo el mundo visitan durante la época equinoccial las zonas
arqueológicas de Yucatán, considerado uno de los sitios turísticos
de mayor afluencia durante semana santa.

La idea conceptual expresada durante la celebración del equinoccio de primavera, se centra en la ejecución de la siembra, símbolo de comienzo y fertilización de la tierra, más adelante observaremos lo que significa el equinoccio de otoño, que es precisamente el momento de la cosecha, el fruto obtenido de la tierra.

Octubre el día de la cosecha: equinoccio de otoño En los recintos mayas

Uno de los espectáculos más bellos con lo cuales contamos en Yucatán refiere al equinoccio de otoño, que se presenta de 21 al 24 de septiembre en las zonas arqueológicas mayas.


El amanecer en la zona arqueológica de Dzibilchaltún.

Precisamente en el Templo de las siete muñecas en la zona arqueológica de Dzibilchaltún se pudo admirar este fenómeno, cuando el sol cruzó precisamente por el centro de la puerta principal del templo mencionado. La relatoría, estuvo a cargo del arqueólogo José Huchím.


El arqueólogo José Huchim.

Respecto a otra zona arqueológica donde también se pudo admirar este fenómeno nos habla el director del patronato Cultur Álvaro Chan Lugo.

Disfrutar del mágico espectáculo de luz y sombra ante el descenso de la serpiente de Kukulcán en la pirámide del Sol, en Chichén Itza, es algo que mantuvo a la expectativa a muchos visitantes ya que al inicio de semana la lluvia cayó copiosamente en el área, pese a todo la cita desde las 11 y hasta las 4 de la tarde durante los días 21, 22,23 y 24 de septiembre, se dio y fue posible admirar este hermoso espectáculo, sin duda la sierpe fue puntual para muchos visitantes que no perdieron la esperanza de ver descender a Kukulcán, que para los aztecas era Quetzalcoatl.

Fue interesante poder conversar con el arqueólogo José Huchím, quien es uno de los discípulos del yucateco Víctor Segovia Pinto, uno de los arqueo astrónomos más connotados que dio vida a las ruinas del lugar, le nombraban- nos relata Huchim- el arqueo astrónomo jardinero, pues pugnó porque se cultivaran flores y césped en las áreas arqueológicas yucatecas.

Uno de sus errores fue que no le gustaba escribir cada detalle de sus búsquedas y afortunados encuentros en las ruinas históricas, sin duda muchos reconocen la tarea fundamental del apoyo de José Huchím, puesto que él ha validado cada detalle que aprendió de su maestro y dado seguimiento, sobre todo por el detalle de que la arqueoastronomía, no es reconocida como especialidad y, es demasiado joven para muchos investigadores, en nuestro país se toma en cuenta con seriedad desde 1980, gracias al esfuerzo de varios arqueólogos y antropólogos, que en sus investigaciones se dieron a la tarea de poner especial atención a las edificaciones prehispánicas y percatarse de que cada una de ellas, al igual que otros edificios antiguos de diversas civilizaciones destacaban momentos estelares específicos.

Por ejemplo el paso del sol como lo podemos observar en los equinoccios es un detalle que marcaba para los antiguos mayas una forma de reconocer el momento de la siembra, en primavera y de la cosecha, en otoño, tal como lo apreciamos en esta ocasión.

Sin lugar a dudas albergaban una función ceremonial cada uno de estos edificios -nos dice Huchim- en los vestigios se han encontrado ofrendas de cerámica, sobre todo en el edificio central de la zona de Dzibilchaltun, que fue el sitio que visité para poder comentarles a través de estas páginas ahora.

Para el clásico tardío el uso de la cerámica kepech se generaliza, por lo cual se encontraron objetos de uso doméstico y también ceremoniales, el edifico del templo de las siete muñecas se restauró en 1956-57, la tradición los trabajos también se daba en Chichén Itzá, la cual estuvo a cargo de José Erosa Peniche y Cirerol Sansores, pero el primero fue el que se metió a la superestructura… En ese momento se empezó a ver el fenómeno y todos corrimos a colocarnos con las cámaras en el sitio adecuado para poder tener la visibilidad óptima, resultando una experiencia inigualable que duró varios minutos.


El sol posándose en la puerta central del templo de
las siete muñecas

El sol en su recorrido por las ventanas del Templo de
las siete muñecas

Más adelante José Huchim nos habló de lo acontecido y en los altoparlantes podíamos escuchar su voz:

“Este fenómeno fue descubierto en 1983, hace 21 años cada seis meses estamos observando el fenómeno equinoccial en el templo de las siete muñecas, nombre que se le dio debido a que en el interior del edificio se encontró una ofrenda con siete figurillas de barro, que fueron tal vez la ofrenda para el astro rey, el sol.

Alrededor de 1957, cuando se iniciaron las exploraciones del sitio, después de casi 10 años de investigaciones a cargo del arqueólogo Víctor Segovia Pinto y quien en este momento les informa, llegamos a la conclusión de que este recinto era un observatorio solar, puesto que en el sitio se encuentran representadas las máximas declinaciones del sol, que son los equinoccios del 22 de septiembre y el 21 de marzo.

Posteriormente cuando el sol recorre el firmamento hacia su declinación más acentuada, el sur, ocurre el solsticio de invierno, que se proyecta en el interior del edificio, más adelante el sol recorre nuevamente el firmamento hasta el centro de la puerta que ahora mismo vemos iluminada y, otra vez se repite el fenómeno y, posteriormente el 22 de junio se da el solsticio de verano, el sol aparentemente detiene su recorrido y se regresa hacia el centro, recorre el firmamento en un ángulo de 24° para volver nuevamente al equinoccio. Este es el recorrido aparente del sol y su parámetro desde Dzibilchaltun es el templo de las siete muñecas”, señalaba el arqueólogo a la audiencia reunida en la zona arqueológica el día del fenómeno solar, prosiguiendo:

“Las entradas norte y sur del edificio, definen los solsticios, este fenómeno se descubrió en 1983 y un poco siguiendo la misma corriente del arqueólogo Víctor Segovia Pinto que fue un pionero en la arqueo astronomía en Yucatán, dio relevancia a las investigaciones de Okulich, Tulum, Chichén Itzá y Uxmal, primordialmente, pero el panorama de esta zona arqueológica formó parte fundamental de sus trabajos investigativos. Sin lugar a dudas la mayoría de los edificios del área maya están relacionados con el sol, es decir que los antiguos arquitectos edificaron sus construcciones de acuerdo a los movimientos aparentes del sol y probablemente de otros astros."


El momento de más relevancia en la puerta central asomó el sol, puntual como cada 6 meses

En Dzibilchaltun–aclaraba a los asistentes- nos encontramos en el extremo oriente de la ciudad, a un extremo del sacbé, que significa camino de caliza, el cual mide aproximadamente 2 kms. de longitud, en el extremo posterior existe otro edifico similar al templo de las siete muñecas, de alguna manera el movimiento del sol está definido por el trazo que delinea el sacbé, este es un fenómeno que se empieza a observar durante el clásico tardío, (700 y 1000 DC), posteriormente el templo sufre modificaciones y el edificio que se conserva es la superestructura que ahora podemos apreciar.

La extensión total de Dzibilchaltun es de 19 kms. cuadrados, en la cual se pueden admirar más de 8 mil estructuras prehispánicas, aproximadamente 2 mil de ellas son construcciones que fueron utilizadas para eventos ceremoniales y administrativos, donde vivía la elite, la gente común habitaba los alrededores”

Fue una experiencia única poder compartir el fenómeno y darnos cuenta que año con año el acontecimiento se repite y no nos cansa, la enorme capacidad de asombro de la gente se renueva y percibimos con ello la certidumbre que existe en nuestras citas con el astro que nos provee de la vida y el calor en esta nuestra estadía por el planeta, el tercero desde el sol. Cada año miles de visitantes extranjero y lugareños se dan cita para admirar este fenómeno, tuvimos la oportunidad de platicar de forma breve con un viajero inglés que se dedica a visitar sitios de interés histórico que están íntimamente relacionados con los movimientos del sol, para él como para muchos otros la magia que nos legaron los antepasados forma parte de todo un bagaje cultural que ancestralmente ha ido definiendo teorías, lo mismo que impregnando de sabiduría los relatos de la antigüedad, donde se nutren arqueólogos y arqueo astrónomos, lo mismo que místicos y seguidores del culto al sol.


Jorge Barrera y Álvaro Chan Lugo, funcionarios de Cultur

Agradezco las facilidades otorgadas por los funcionarios del turismo cultural (Cultur), que permitieron la realización de este trabajo en uno de las regiones mágicas de nuestro país, donde cada año se convierte en una fiesta durante los equinoccios de primavera y otoño en las zonas arqueológicas de la antigua civilización maya.

Ariadne GALLARDO FIGUEROA
agalfi@yahoo.com
26 marzo 2005
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